La Enseñanza Resumen, Contenido: El Canal Introducción, Parte 1 Parte 2 Parte 3 Resumen, Capítulo 1 Capítulo 2 Capítulo 3 Capítulo 4 Capítulo 5 Capítulo 6 Capítulo 7 Capítulo 8 Capítulo 9 Capítulo 10 Apéndice, Parte 1 Parte 2 Parte 3 Parte 4 Parte 5 Conclusión


Introducción, Parte 3

Un Intento De Resumir

El solo hecho de que nosotros, como Círculo, dedicáramos tanto tiempo e interés durante tantos años a la Enseñanza, da testimonio de nuestra certeza de que nos estábamos relacionando con fenómenos auténticos, y más aún, de que para nosotros las cosas eran lo que parecían.

     El Médico fue uno de los que sintieron con mucha fuerza que teníamos completamente garantizado el veredicto de 'tontos crédulos', si nuestras creencias se sacaban de su contexto, y se examinaban a la fría luz de la experiencia mundana. Yo no estaba del todo de acuerdo con él, pero pensaba mucho en este asunto. Sentía que, con una mínima base de conocimiento libresco de la experiencia religiosa y de la investigación psíquica, no había en nuestras creencias nada especialmente indigerible para una mente sin prejuicios.

     Veamos los aspectos esenciales de nuestras creencias.

     Creíamos que una de nosotros podía, más o menos a voluntad, perder la conciencia de este mundo material y recuperarla en otra dimensión; en el 'cielo' de las religiones primitivas, si se quiere. Creíamos que podía volver al mundo material con un leve recuerdo de sus experiencias en esa otra dimensión. Creíamos que la podíamos oír conversando con seres que nunca han vivido en la tierra y nunca lo harán, tal vez los 'ángeles' de las religiones primitivas. Creíamos que podíamos enterarnos de algo de estas conversaciones cuando ella volvía.

     Para empezar por el principio: el trance es un fenómeno físico bien conocido. El estado físico de Kath durante el trance no se podía confundir con el sueño, ni se podría simular este estado sin un control voluntario de la respiración, el pulso y la temperatura corporal. Es imposible demostrar de manera concluyente qué le sucede a la conciencia durante el trance; ni qué le sucede durante el sueño, si vamos a ello. La solución juiciosa a este problema era aceptar la apariencia de que la persona en estado de trance había dejado de estar consciente del mundo físico, y se había vuelto consciente de otro mundo, un mundo Espiritual (estoy evitando deliberadamente usar la terminología de la Enseñanza). En este mundo Espiritual, su Espíritu se encontraba y conversaba con otros Espíritus. Nos acomodamos en esta hipótesis, y esperamos a ver si las experiencias posteriores la confirmaban o la descartaban. Encontramos que todas las experiencias la confirmaban. Conforme pasó el tiempo llegamos a conocer bien a estos Espíritus, a través de una asociación larga y estrecha con 'ellos', y cuanto más supimos de 'ellos', más imposible se volvió cualquier solución distinta de la aparente. Más aún, estos Espíritus dieron señales de poderes supranormales, y de una capacidad intelectual que estaba con certeza más allá de la de ninguno de los miembros del Círculo. Nos dimos cuenta más allá de toda duda, de que estábamos tratando con seres de inteligencia avanzada, y de que no teníamos otra opción más razonable que la de aceptar 'su' explicación de los fenómenos.

     Creímos también que habíamos oído a una de nosotros, en estado de trance, encontrarse con el Cristo vivo y dirigirse a Él, no una sino muchas veces, y sin reconocerlo. Pero esta experiencia personal del Cristo es una experiencia religiosa harto conocida y bien documentada, aceptada por las iglesias. Si uno es cristiano y cree en la condición humana y divina de Cristo, nada hay de locamente improbable en esta experiencia, aunque lo más frecuente es que los ejemplos documentados sean subjetivos, no compartidos con otras personas. Ella no reconoció a Cristo, pero en aquella época era agnóstica. No creyendo que Él existiese, ¿cómo iba a reconocerlo? Lo único que ella sabía en aquella época era que se encontraba con alguien que le inspiraba el amor y la reverencia más intensos. Cuando buscó a Cristo por su propia voluntad lo encontró, por medio del reconocimiento de que Azrael era el Cristo que estaba buscando.

     De manera bastante curiosa, el Médico encontró que esto, la suposición de que habíamos oído a una de nosotros, en nuestra presencia y a la vez en presencia de Cristo, dirigirse a Él, escucharlo y adorarlo, no era difícil de creer para él; pero era muy difícil creer que cualquier otro quisiera o pudiera creerlo. Volvía sobre este punto una y otra vez en conversaciones conmigo.

     Creíamos además que unos seres avanzados e inteligentes, a quienes conocíamos por Sanchuniathon y Azvard, nos habían, por así decirlo, adoptado, y con nuestro apoyo habían preparado a una de nosotros para el trabajo de traer un conocimiento nuevo, o fragmentos de un conocimiento nuevo, a la tierra. Parecía que nosotros, un manojo abigarrado de gente de lo más corriente, habíamos sido seleccionados para recibir de una fuente autorizada un aspecto de la verdad que iba a ser precursor de una nueva Revelación.

     Esta certeza es una de las más difíciles de tragar, tomada fuera de su contexto.

     Creo que es fundamental, ante un asunto de esta clase, creérselo todo o no creerse nada, dejando de lado la posibilidad de una mala interpretación o traducción errónea del pensamiento en palabras. Todo lo que viene de una fuente es o verdadero o sospechoso. Nosotros, con todos nuestros muchos años de conocimiento de Sanchuniathon y Azvard, y toda nuestra experiencia de la Enseñanza tal como nos fue lentamente filtrada durante este tiempo, no teníamos más opción que aceptar con un sentimiento de sorpresa, desconfianza en nosotros mismos e indignidad, que aparentemente habíamos sido escogidos para esta importante tarea. Era menos difícil aceptar esto por la razón de que no parecía esperarse que hiciésemos gran cosa al respecto. Kath hizo todo el trabajo, mientras nosotros estábamos de mirones. No se esperaba de nosotros, por ejemplo, que nos pusiéramos a gritar la buena nueva desde el tejado de la casa.

     'Ellos' parecían estar totalmente conformes con que siguiésemos con nuestras sesiones, apoyando a Kath en su búsqueda, y manteniendo un registro de ellas en las actas. Lo explicaron en parte, diciendo que una vez que un conocimiento nuevo ha llegado desde el 'otro lado' a la Mente Consciente de cualquier persona viva, este conocimiento se vuelve disponible para las demás Mentes Conscientes de 'este lado', que no necesitan haber tenido nada que ver con la primera importación de esta información, ni tampoco contacto físico con la o las Mentes Conscientes que lo hayan recibido en 'este lado'.

     El Médico quiso hacer notar que tenía a Sanchuniathon en la más alta estima. Pero la elección de sus ayudantes en 'este lado' que Sanchuniathon hizo lo dejó bastante estupefacto. A no ser, claro está, que esa elección estuviese severamente limitada.

     Ahora, con nuestro mayor conocimiento de nosotros mismos y de un poco de nuestros pasados, las piezas del mosaico habían caído en su sitio, y podíamos ver algo del objetivo y la razón por los que habíamos encontrado este trabajo que hacer. Pero no tenemos la pretensión de haber sido herramientas buenas ni adecuadas.

     Puede que haya tendido a dar la impresión de que los del Círculo tuvimos un papel en el trabajo más importante del que de hecho tuvimos. Debería insistir una vez más en que todo el acarreo de conocimiento nuevo que ha llegado a constituir la Enseñanza fue por completo trabajo de Kath, por medio de su Arte de Rememorar. El Círculo proporcionó el otro elemento esencial pero pasivo: apoyo y, a veces, estímulo. Me temo que hubo veces en que el Círculo la estorbaba más de lo que la estimulaba.


¿CÓMO NOS AFECTÓ ESTE CONOCIMIENTO?

Déjenme primero resaltar este hecho: 'Ellos' tenían un conocimiento completo de nuestro pasado, y de nuestro futuro tal como estaba planeado. Pero no 'para' que sacáramos ninguna ventaja de ello. Nos explicaron la razón algo más tarde de esta manera: "Si un alumno está aprendiendo a pintar, su maestro estará detrás de él y observará sus esfuerzos con interés y simpatía. Probablemente llegará a ofrecerle consejos, que el alumno tenga libertad de aceptar o ignorar. Pero algo que el maestro nunca hará es coger el pincel de la manos del aprendiz de pintor, porque entonces no aprenderá ninguna lección y el cuadro no será la obra del alumno".

     Esto es razonable y la mayoría de nosotros lo aceptó sin oposición. A veces el Médico se ponía un poco rebelde, o tomaba medio en broma una actitud de rebeldía. Creo que, en serio, le costaba aceptar que cuando tenía que tomar una decisión importante y difícil, no pudiera planteársela a ellos diciendo: "Este es mi problema actual. Estoy muy preocupado por hacer lo más correcto, ¿qué hago?" Nunca se ponía muy serio en lo referente a esta actitud. Venía de una familia de discutidores, y cualquiera que fuese su opinión personal, no le desagradaba defender cualquiera de las dos partes opuestas de un argumento, con tal de provocar discusión y cavilación.

     Como quiera que sea, ni buscamos ni recibimos ayuda directa sobre nuestros asuntos personales.

     Hubo una excepción a esto, y fue conmigo. Ocurrió en los primeros tiempos del Círculo. Me acababa de unir a él y estaba impresionado por la importancia, o la posible importancia, del trabajo al que aparentemente nos habíamos tirado de cabeza. Dudaba si poner primero mi profesión o este trabajo. Estaba claro que no era probable que mi profesión me permitiera tener el tiempo libre ni la posibilidad geográfica de ayudar en el trabajo en ninguna medida.

     No quería plantearle el asunto a Kath, porque sentía que ella podría tener dificultades para impedir que sus propios sentimientos se entrometieran, e influyeran de una u otra manera en la respuesta. Así que le escribí diciéndole que le había preguntado a 'ellos' algo importante, y que le agradecería mucho que intentase encontrar la respuesta. No di más pistas, ni la menor orientación, ni a ella ni a ningún otro en ningún momento, de lo que tenía en mente. Ella lo intentó. Con gran dificultad logró una respuesta, y me escribió para decirme las palabras que había encontrado: "No cambies el rumbo". ¿Contestó esto mi pregunta? Yo creo que si.

     Un aspecto de la cuestión importante para mí, es que aunque estábamos en contacto estrecho y constante con seres que tenían un conocimiento muy amplio del pasado y del futuro, este conocimiento no estaba a nuestra disposición.

     Pienso que es justo decir que nuestro Círculo tuvo poco efecto externo visible sobre las vidas de quienes pertenecíamos a él, excepto tal vez en el caso de Kath. Seguimos bastante igual que antes. Sin duda había un marcado efecto interior pero es difícil de describir; el efecto de una certeza razonada de que éste es un universo donde todo está ordenado y planificado, nada es accidental, nada es imprevisto, junto con la certeza de una continuidad de la existencia personal.

     Nunca he sido religioso. A lo sumo he reflexionado sobre la religión. No tengo la capacidad de aceptar nada por la fe. Cualquier concepto tiene que atraer a mi razón o satisfacer a mi intuición antes de que lo acepte. No creo que haya recibido el don de la fe, no desde luego si la fe es 'la capacidad de creer en lo manifiestamente incierto'.

    La Enseñanza no es una religión. Está bastante de acuerdo con los principios y enseñanzas del cristianismo, aunque sólo se relaciona con su ética por inferencia. Ciertamente es posible ser cristiano y creer en los principios de la Enseñanza; de hecho no se puede aceptar la Enseñanza sin ser cristiano. La Enseñanza, sin embargo, se desprende de la dura cáscara de dogma y ceremonial con que las muchas iglesias de las distintas sectas de la cristiandad han envuelto la vida y la enseñanza de Jesús de Nazaret. Estoy seguro de que no se puede ser católico romano y aceptar los principios de la Enseñanza. Dudo de que pueda aceptarlos un 'buen' anglicano. Pero si se define ser cristiano como creer en la divinidad de Cristo, e intentar seguir su enseñanza tal como está contenida en los Evangelios, sin el añadido de las ataduras inventadas en los últimos dos mil años, entonces los que creen que nuestra Enseñanza es también un aspecto de la verdad, son cristianos conforme a esta definición.

     La Enseñanza no es fatalista. No nos recomienda sentarnos, cruzarnos de brazos y decir; "¡Hágase la Voluntad de Dios!".El hecho de que todo esté planificado no significa que todo vaya a suceder tal como está planificado. En absoluto. Hay una diferencia muy importante entre nuestra Enseñanza y la doctrina de la predeterminación o fatalismo. Creemos que nuestras vidas están planificadas por seres inteligentes de acuerdo con la Voluntad. Creemos que los que trabajan en esta planificación tienen conocimiento de los futuros probables, pero no de un futuro cierto. No existe nada que se pueda llamar futuro cierto para los acontecimientos del mundo material que dependen del libre albedrío de los actores del drama. Puede que un terremoto catastrófico pueda ser previsto con certeza, porque es completamente independiente de la voluntad y los actos de ninguna persona viva. Igualmente las tendencias, o los acontecimientos que dependen de las decisiones de un gran número de personas, seguramente pueden predecirse con un alto grado de certeza, conforme a las leyes matemáticas de la probabilidad. Pero si yo voy a salir de esta habitación por la escalera de detrás o por la de delante cuando baje a tomar el té, eso es algo que aún no está decidido, y la decisión es sólo mía. Puede que haya una probabilidad muy alta de que elija una dirección u otra, y puede que se esté ejerciendo sobre mí una influencia externa de la que no soy consciente, pero la elección es y seguirá siendo mía.

     Somos dueños de nuestros destinos, y se nos ha recomendado estar despiertos y ser activos. Nos han dicho que los pecados de omisión, las oportunidades perdidas, son mucho más frecuentes, y pueden ser mucho peores y más difíciles de corregir que los pecados de acción. Un pecado de acción es algo positivo, a lo que se puede hacer frente, pero la inacción de una oportunidad perdida es una cantidad negativa, algo que no se puede coger y rectificar. La inacción conduce a la apatía, el mayor de los peligros que amenazan a nuestro progreso continuado.

     Todo está planificado pero la planificación no es definitiva. Cada vez que un ser humano deja de seguir los planes, hay que hacer reajustes y un plan nuevo. El plan nuevo puede que no sea tan bueno como el original, pero intentará recuperar algo, y brindar nuevas oportunidades de lograr lo esencial del plan original. Y como todos nuestros actos tienen amplias repercusiones en las vidas de los demás, un fallo por parte de uno puede tener muchas consecuencias sobre los planes para los demás, todos los cuales tendrán que ser reajustados para adaptarlos a las nuevas condiciones.

     Nos han asegurado que ni siquiera la muerte en un accidente es accidental. Las circunstancias que conducen al acontecimiento que causa la muerte son previsibles, y se permiten, e incluso se preparan, si es hora de que la víctima 'vuelva a Casa'.

     La certeza de una existencia planificada, dirigida por inteligencias benévolas, con un horizonte infinitamente más amplio que el nuestro, y con conocimiento de todo el pasado y del futuro esperable, debería generar una actitud serena ante la vida.

     Saber que hemos visto, y aceptado, el Patrón de esta vida antes de nacer en la tierra para vivirlo, debería darnos fortaleza para resistir los duros golpes que podamos recibir en esta vida.

     El conocimiento de que todas las vidas, y todas las muertes, están planeadas, el conocimiento de que la vida es un continuo, y de que la muerte no es más que un cambio de las condiciones de vida, que hemos experimentado ya muchas veces, todo esto debería engendrar una actitud juiciosa, madura y equilibrada ante la vida y la muerte, y un deseo de avanzar con alegría pase lo que pase.

     La certeza de que ésta no es la única vida que vamos a tener en la tierra, sino sólo una entre muchas, todas ellas planificadas para permitirnos hacer progresos necesarios, debería darnos alegría de vivir esta vida por sí misma. No deberíamos sentir el deseo de obtener todo el placer que podamos conseguir, ni deberíamos sentir envidia de otros que tienen más 'éxito', o están mejor dotados de talentos u otros bienes mundanos. Puede que ya hayamos tenido nuestro turno para eso, o tal vez aún nos tiene que llegar. Deberíamos intentar conducir nuestra vida tan plenamente como sea posible, aprovechando cada oportunidad, utilizando cada talento que poseemos, y no deberíamos sentirnos tratados con dureza ni quejarnos de la 'injusticia de la vida' cuando las cosas no salen como esperábamos.

     El conocimiento de que la muerte nos viene en el momento planeado, y de que no es más que una transición a un estado de existencia continuo y familiar, aunque olvidado, debería darnos todo el coraje necesario para afrontarla. Además deberíamos ser más capaces de afrontar la aflicción, que no debería contener más que tristeza, por la separación temporal de quien 'se ha ido a Casa' antes.

     Estos son algunos de los efectos que la Enseñanza debería tener sobre sus adeptos, y seguramente los tendrá en mayor o menor grado. Pero el viejo Adán está fuerte en todos nosotros. Hay una parte muy activa, y muy osada, de cada uno de nosotros que pertenece a este mundo material, y que se queda debajo de la losa de mármol cuando la parte viva se va a otro sitio. En la mayoría de nosotros esta parte no contempla su disolución con ecuanimidad, y se hace notar cuando intentamos pensar y actuar como si no existiera.


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